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¿Qué tiene que ver la cuarentena con la aparición de la miopía?

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Educación remota y menor exposición a luz solar incrementa el riesgo de miopía en niños

El actual escenario sanitario propicia la aparición de factores gatillantes. Desde el nacimiento, la exposición a la iluminación natural es fundamental para el proceso de crecimiento del ojo, que se extiende hasta cerca de los 15 años. La OMS estima que en 2050 un 50% de la población mundial sufrirá esta patología, afectando principalmente a comunidades vulnerables, aunque la pandemia podría ser un punto de inflexión para agravar las cifras, según el científico chileno dedicado a su estudio.

Publicado en El Mostrador
16 de septiembre de 2020

La educación remota y la falta de interacción con la luz natural por las medidas de confinamiento para frenar el coronavirus podrían ser un punto de inflexión para el desarrollo de miopía en poblaciones infantiles y juveniles. Así lo advierte Alex Vielma, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso, dedicado al estudio de esta patología.

Pese a que existe principalmente un origen genético, factores ambientales pueden propiciar o acelerar su aparición. Mientras mayor es el grado de severidad de la enfermedad, menor es la distancia a la cual se pueden enfocar objetos y mayor el riesgo de que se generen otras patologías visuales como glaucoma o degeneración macular.

Además, evidencia reciente sobre la condición sugiere cómo la exposición prolongada a pantallas supone un factor de riesgo de que se generen otras patologías visuales como el glaucoma o la degeneración macular.

“Si bien en Chile no existen cifras claras al respecto, la miopía es una enfermedad que va en aumento en todo el mundo. El mayor impacto se observa en los países asiáticos, donde más del 80% de la población se ve afectada. Se estima que mitad de la población mundial podría desarrollar miopía en el transcurso de este siglo, y el uso excesivo de pantallas de celulares y computadores así como un menor tiempo de exposición a luz solar, son factores de riesgo importantes”, señala el Dr. Vielma, quien también es académico del Instituto Milenio.

Según la Organización Mundial de la Salud, hasta un 50% de la población podría sufrir esta enfermedad del sistema visual al año 2050, como resultado principalmente de factores ambientales relacionados con la masificación del uso de dispositivos tecnológicos.

Sin embargo, para el científico del CINV, el actual escenario de pandemia por el Covid.19 podría agravar las proyecciones ya que ha aumentado la cantidad de niños, niñas y adolescentes expuestos a factores de riesgo.

“Son ellos la población con el mayor impacto en el largo plazo. El riesgo es mayor porque el desarrollo y crecimiento del ojo se extiende hasta los 15 años aproximadamente. Una recomendación básica podía ser alternar las horas de enseñanza en el computador con tiempo al aire libre en los descansos. Al menos 15 minutos cada dos horas”, expone el académico de la UV.

La Unesco ha cifrado en más de 1200 millones los estudiantes en todo el mundo que no pudieron asistir a clases presenciales, y alentó a los sistemas educativos a establecer plataformas remotas para, como medida de urgencia, evitar impactos de largo plazo en el aprendizaje y el desarrollo psicológico y social de las poblaciones infanto-juveniles. De hecho, el organismo advirtió que cerca de 25 millones de niños se encuentran en alto riesgo de deserción.

Vielma plantea que “el impacto de la pandemia sobre las enfermedades visuales será importante en los próximos años. Podría haber un antes y un después en la cantidad de personas afectadas, principalmente niños y niñas. Es muy probable que tras la emergencia sanitaria que estamos viviendo el grado de miopía aumente significativamente debido al encierro y la educación remota”.

Un problema de enfoque
La miopía es uno de los trastornos oculares más comunes y se calcula que al menos uno de cada tres personas en el mundo podría padecerla hoy. Se clasifica entre las condiciones denominadas como “errores de refracción”, en los que el ojo no puede enfocar claramente las imágenes. Su principal impacto se manifiesta como una visión borrosa que, en los casos más serios, puede provocar ceguera, además de problemas de adaptación a la vida social y laboral.

En particular, la miopía cosiste en la dificultad para ver claramente los objetivos distantes. Se trata de un defecto de graduación en el que el paciente ve bien de cerca, pero no de lejos. Su daño es progresivo con el tiempo y estos problemas de enfoque van generando una disminución en los metros de visibilidad.

Nuestros ojos tienen varias estructuras. Primero está la córnea y el iris, el cual regula el ingreso de la luz; luego, el cristalino, que es un lente dinámico que permita enfocar la luz que ingresa hacia el fondo del ojo, y allí es donde está la retina, explica Vielma.

“La retina es un tejido nervioso que permite detectar la luz y captar toda la información sobre colores, forma y movimiento. Lo que ocurre en la miopía es que el ojo se encuentra elongado en su eje axial, es decir, está más estirado, y el cristalino, por más que se intente adaptar a la nueva condición no va a lograr enfocar correctamente la luz en la retina, quedando el plano focal por delante de ella”, dice el experto. “Eso es lo que provoca que los objetos lejanos se distorsionen”.

Si bien su origen es multifactorial, con los antecedentes genéticos como el principal gatillante, factores sociales y ambientales son clave, de acuerdo a evidencia reciente, tanto para acelerar su desarrollo como para ralentizar el tránsito a estados más severos de la patología.

Por ejemplo, si las personas están genéticamente dispuestas a desarrollar miopía, heredada de los padres, la condición irá en aumento hasta los 15 años, tiempo en el que el ojo va creciendo guiado por la luz ambiental que recibimos. La exposición prolongada a pantallas es también un factor de riesgo, ya que incide en que el ojo se habitúe a enfocar a una corta distancia, y la visión se adaptará a operar siempre con ese rango.

“Por eso la exposición a iluminación natural y a espacios abiertos donde se puedan observar paisajes a gran distancia, es muy importante en la prevención, algo complejo cuando pensamos que todo el mundo trabaja o estudia encerrado y con luz artificial. Y en el caso de las pantallas, la adaptación a un enfoque de menor distancia a edad temprana, de unos 20 centímetros como ocurre con el uso de celulares, puede potencialmente perjudicar la capacidad de visión de larga distancia”, plantea.

Cómo la luz natural puede ayudar
Cuando una persona nace y entra en contacto con la luz, es cuando comienzan a madurar los circutos de la retina. Desde ese minuto, la iluminación ambiente tiene una importancia central en el desarrollo de una visión óptima. “Los seres humanos finalizan su desarrollo ocular aproximadamente a los 15 años, y cualquier trastorno que perjudique este proceso puede alterar el funcionamiento de las distintas capas del ojo”, sostiene el investigador.

“De acuerdo con esto, un niño que vive en el campo y pasa muchas horas al aire libre tendrá una visión menos afectada, aun cuando herede la condición, comparado con uno que permanece gran parte del día encerrado o con un computador enfrente, una situación que de ser permanente aumentará seriamente su grado de miopía”, ejemplifica el científico del CINV. El reciente informe de la OMS plantea que el aumento del tiempo exterior es clave para reducir el riesgo de enfermedades de este tipo.

Vielma precisa que la luz natural puede llegar a emitir más de cien mil lux (unidad de medida para iluminación). ¿La artificial? Solo hasta 500, es decir, 200 veces menos. La luz de fondo es decisiva para hacer trabajar la visión. “Los conos, que son las células de la retina encargadas de la visión diurna y a color, están acostumbrados a trabajar con intensidades altas de luz. Entonces, cuando se disminuye la intensidad de luz de fondo el ojo hace más esfuerzo, ya que la retina debe adaptarse para funcionar adecuadamente con esa menor intensidad”.

Todo esto tiene que ver con un circuito interno de neuronas presentes en la retina, que permite censar las diferentes intensidades de luz del día. Este mecanismo es altamente complejo, e involucra a un neuromodulador conocido como dopamina, el cual es liberado por células especializadas de la retina y se relaciona directamente con la adaptación a la luz en el ambiente. En miopía, los niveles de dopamina se encuentran disminuidos.

“Una hipótesis al respecto es que en la retina existen unas células ganglionares fotosensibles, con sensibilidad a la luz azul y que son las encargadas de detectar la señal de cuando amanece. Esas células están conectadas con las células que liberan la dopamina, y es posible que al detectar una menor intensidad de luz, provoquen una menor liberación de dopamina. Sin embargo, aún no se ha encontrado una relación directa entre el funcionamiento de los circuitos de la retina y la progresión de la miopía”, plantea el científico, quien en su laboratorio indaga sobre el funcionamiento de los circuitos de la retina para intentar comprender la enfermedad.

La pandemia visual
La Organización Mundial de la Salud publicó a fines de 2019 el primer Informe Mundial Sobre la Visión, donde exponía la alta prevalencia de condiciones como la miopía, el astigmatismo y la hipermetropía, el enorme impacto sobre la salud pública y los trastornos asociados por la falta de acceso a servicios de atención y diagnóstico. La estimación es que 2200 millones de personas sufren alguna de estas patologías, pero mil millones podrían haberlas evitado.

De acuerdo al organismo, la carga de enfermedades oftalmológicas y deficiencias visuales no afecta a todos los grupos por igual: a menudo perjudica mucho más a las personas que viven en zonas rurales, a aquellas con bajos ingresos, a las mujeres, a las personas mayores, a las personas con discapacidad, a las minorías étnicas y a las poblaciones indígenas.

“El mayor impacto de estas enfermedades en la salud pública está determinado por el alto costo de los exámenes y por la necesidad de evaluar periódicamente su progresión, lo que conlleva a un recambio constante de los lentes, ya que estos corrigen pero no detienen la enfermedad, la cual sigue progresando de manera imprevisible. Habitualmente los sistemas públicos no disponen de la tecnología suficiente para diagnosticarlas de manera oportuna, y las personas deben ser derivadas a otros centros asistenciales y esperar que avance la lista de espera”, puntualiza Vielma.

El reporte emitido por la OMS plantea que se necesitan US$14 300 millones para dar cobertura las necesidades de atención insatisfechas de los 1000 millones de personas que viven con deficiencia visual o ceguera debido a la miopía, la hipermetropía y las cataratas

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Publicado en Las Últimas Noticias
15 de septiembre de 2020

Lee este reportaje en Las Últimas Noticias

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