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Estudio indicó qué tipos de plantas psicoactivas utilizaba cultura que habitó el norte de Chile hace más de 1000 años

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Los artefactos chamánicos encontrados en la Cueva del Chileno demuestran el uso sistemático de una gran variedad de plantas con propiedades psicotrópicas y los artefactos utilizados para su consumo.

Por Alejandra Díaz Valdivia

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En la región del Lago Sagrado el dios Wirakocha surgió desde las profundidades para crear el sol, la luna, la tierra, las estrellas, el cielo y el día. El imperio Tiwanaku emplazado en el altiplano andino, en la cuenca del Lago Titikaka, se diferenció como cultura regional desde los 100 d. C. hasta los 1100 d. C., ejerciendo gran influencia sobre las culturas que posteriormente habitaron la zona, entre ellas, la conocida cultura Inca.

En este inhóspito sitio la cultura Tiwanaku llegó a colonizar amplias regiones adyacentes al lago Titikaka, logrando reunir a decenas de miles de personas que reforzaban sus lazos sociales mediante rituales y ceremonias religiosas en los que se incluían poderosos agentes psicotrópicos que les permitían acercarse de manera eficaz a sus deidades.

Hasta ahora pocos estudios han recuperado evidencia respecto del consumo de plantas psicoactivas en contextos arqueológicos de América del Sur, por lo que en abril recién pasado un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America (PNAS) indicaría cuáles eran algunas de las sustancias psicotrópicas consumidas alrededor 100 años d. C. en un área al suroeste de Bolivia.

Los elementos del ritual encontrados a 4.000 metros de altura en Bolivia, en un sitio llamado La Cueva del Chileno, incluían: una bolsa de cuero larga (280 x 165 mm) que contenía una tableta de madera finamente tallada y decorada en su parte superior con dos figuras antropomórficas; un enmarañado tubo de aspiración con dos trenzas de cabello humano unidas a él; dos espátulas de hueso de camélido; un textil tejido con diseño de colores –que se cree que es una diadema–; dos pequeños trozos de material vegetal secos adheridos a cuerdas de lana y fibra; y por si fuera poco, una inusual bolsa construida a partir de tres hocicos de zorro unidos.

De todos estos elementos se tomó una pequeña muestra de la bolsa de cuero para datar, mediante radiocarbono, a qué período correspondía el hallazgo, coincidiendo con la caída del imperio Tiwanaku. Este imperio extendió su influencia durante cinco siglos por el centro-sur de los Andes, abarcando desde la región occidental de Bolivia hasta el sur de Perú y norte de Chile. En la actualidad es conocido que los elementos de los rituales como el tabaco era un motivo por el cual este imperio se expandió por la región.

Compuestos psicotrópicos de plantas

Para conocer los componentes psicotrópicos utilizados en conjunto con estas herramientas rituales, los investigadores tomaron muestras de dos cosas: de una sección superficial de los restos de una planta y de los adheridos al interior de la bolsa hecha con hocicos de zorro. De esta particular bolsa se obtuvieron múltiples compuestos psicotrópicos procedentes de plantas diferentes, destacando 6 compuestos principales, tales como, cocaína, bufotenina, BZE (benzoilecgonina, metabolito principal de la cocaína), harmina, DMT (dimetiltriptamina) y psilocina (un derivado de la psilocibina, componente alucinógeno de los hongos).

Por otra parte, el análisis realizado al tejido de la planta hallada revela la presencia de cocaína, bufotenina y BZE. Los investigadores señalan que ninguna planta contiene estos tres compuestos en la actualidad, por lo que surgen dos hipótesis. La primera es que estos elementos son fundamentales para la generación de la planta; y la otra es que los tres compuestos encontrados en esta muestra son ajenos al hallazgo, evidenciando los elementos químicos con los cuales la planta se encontraba en contacto.

Las hojas de coca se utilizan para tratar el mal de altura, ejerciendo efectos estimulantes y anestésicos al ser masticadas o preparadas en un té, acciones que liberan el componente activo, la cocaína. Situación que probablemente era conocida por el dueño de este kit, ya que, tanto en la bolsa de hocico de zorro como con los restos de la planta, se encontraron evidencias de esta sustancia.

El hecho de encontrar bufotenina sugiere la presencia de semillas de una planta del género Anadenanthera, que eran transportadas en la bolsa de hocico de zorro. Dos de las plantas correspondientes a este grupo, la vilca y el yopo, eran cultivadas antiguamente por las tribus sudamericanas dedicadas a la horticultura –agricultura a pequeña escala–, ambas plantas conocidas por contener triptaminas psicoactivas. Estas semillas eran molidas e inhaladas, consumidas en una bebida similar a la chicha, o de manera más simple, a través de un enema. En caso de ser inhaladas, las bandejas de tabaco entraban en acción, siendo utilizadas en conjunto con el tubo del tabaco, otro elemento del kit ritual.

Ayahuasca

La bolsa también contenía harmina, DMT y psilocina. En Sudamérica, la harmina se encuentra en grandes cantidades en la planta conocida como ayahuasca, la que posee alcaloides beta carbolina, harmina y tetrahidroxarmina; actualmente la ayahuasca es hervida y consumida en forma de té en conjunto con la chacruna, planta que contiene altos niveles de DMT. Cuando estas dos plantas se combinan, se produce un efecto sinérgico permitiendo que el DMT active el sistema nervioso central, causando alucinaciones.

Cabe destacar que el consumo de estas dos plantas en conjunto es relativamente reciente y en la actualidad está asociado a la preparación de un gran número de brebajes psicotrópicos en las culturas amazónicas. Sin embargo, se ha buscado incansablemente evidencia que demuestre el uso de la ayahuasca durante la época precolombina, es por esto que estudios previos realizados sobre el cabello de momias del periodo Tiwanaku, que habitaron alrededor de los 400 y 900 d. C., del Valle de Azapa en el norte de Chile, han permitido establecer la presencia de harmina en infantes y adultos, indicando el consumo único de ayahuasca sin la adición de otra planta, lo que sugiere que su consumo no tenía fines alucinógenos, sino más bien razones medicinales o terapéuticas, ya que su compuesto activo por sí solo produce efectos psicoactivos pero no alucinógenos.

Análisis realizados a la corteza de la ayahuasca indican que los compuestos químicos de esta planta generan efectos paliativos contra el dolor, confirmando la hipótesis de uso medicinal o terapéutico durante el embarazo y en la primera infancia, en la cultura Tiwanaku. Por lo tanto la combinación de ayahuasca con otras plantas sugiere un fin recreativo alucinógeno que dataría de tiempos más recientes en la historia. Es importante destacar que los efectos de los componentes dependen de la ruta de ingestión y pueden ejercer poderosos efectos estimulantes y alucinógenos en quienes la consumen.

En conjunto con lo anterior, estos datos nos señalan que la utilización de las herramientas del kit ritual habla de una especialización y entrenamiento especial para la aplicación de los insumos en los rituales, destacando en ello por lo demás el rol del chamán, un individuo muy influyente en la sociedad andina de la época.

Se sabe que con la desintegración de Tiwanaku, alrededor de los 1100 d.C., los rituales asociados al tabaco desaparecieron en el área central, no así en la región periférica de los andes, donde el consumo de alucinógenos y rituales mortuorios que incluían la profanación de enterramientos y decapitación se encontraban como eje central en la región que actualmente rodea el lago Titikaka y que abarcaba zonas de Bolivia, Argentina y Chile.

Vínculo al artículo original: https://www.pnas.org/content/116/23/11207

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