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Elevidys: La terapia génica aprobada el año pasado por la FDA para la distrofia muscular de Duchenne

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La conmovedora historia de Tomás Ross, el niño de cinco años con distrofia muscular de Duchenne, revela las dificultades de acceder a la costosa terapia génica aprobada recientemente por la agencia norteamericana FDA. Científicos explican el tratamiento y destacan la urgente necesidad de soluciones accesibles y sostenibles.

Publicada en Universidad de Valparaíso el 22 de mayo de 2024.

Hemos conocido en las últimas semanas la historia de Tomas Ross Gómez, un niño de cinco años diagnosticado con Distrofia Muscular de Duchenne. Su madre, Camila Gómez, acompañada de representantes de la Corporación Familias Duchenne, realiza una caminata de más de mil 300 kilómetros desde Chiloé a la capital para entregar una carta al Presidente Gabriel Boric, explicando la compleja situación que viven todos los niños con esta dolencia.

Dra. Arlek González

La doctora Arlek González, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad de Valparaíso, directora del Centro para la Investigación Traslacional en Neurofarmacología, CItNe e investigadora del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV), ha dirigido investigaciones enfocadas en la comprensión de los mecanismos patológicos de diversas miopatías, entre las que se encuentra la distrofia muscular de Duchenne. Según explica la doctora Gonzalez, “es una enfermedad muscular genética, causada por mutaciones en el gen DMD que codifica para la proteína distrofina. Esta es una proteína clave que conecta el citoesqueleto de las células musculares con la matriz extracelular, protegiéndolas de daños asociados al proceso de contracción. Las mutaciones del gen DMD pueden afectar a distintas regiones codificantes del gen denominadas exones, lo que puede dar lugar a formas incompletas, no funcionales de distrofina o a la completa ausencia de la proteína. Esta última posibilidad es la que determina la distrofia muscular de Duchenne que padece Tomás. Esto trae como consecuencia la acumulación de microlesiones que conducen a la perdida de integridad, degeneración y atrofia progresiva de las células musculares, afectando la estructura y función del tejido muscular”.

Agrega que el gen DMD se encuentra en el cromosoma X, por lo que el fenotipo clínico de la distrofia muscular de Duchenne se manifiesta en niños que expresan las mutaciones, siendo las niñas portadoras generalmente asintomáticas.

Temprano en la infancia

El doctor Jorge Bevilacqua, neurólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile e investigador asociado de CItNe, complementa  que “los primeros síntomas de la distrofia muscular de Duchenne se manifiestan temprano en la infancia, afectando la adquisición de los primeros hitos motores como el gateo y la caminata. De manera progresiva, los pacientes pierden masa y fuerza muscular, requiriendo apoyo ortopédico, silla de ruedas y ventilación mecánica cuando se afecta la musculatura respiratoria, así como cardiopatía. Estas últimas son la principal causa de muerte en pacientes con distrofia muscular de Duchenne, la cual suele ocurrir en promedio entre los 20 y los 30 años de edad”.

El investigador añade que no existe cura para la distrofia muscular de Duchenne; los tratamientos que se utilizan en la actualidad son paliativos, aliviando la sintomatología de los pacientes, pero no curan la enfermedad. Entre estos se incluyen cuidados médicos de apoyo y terapia farmacológica basada en el uso de corticosteroides, los cuales permiten retrasar la progresión de la enfermedad y prolongar la esperanza de vida de los pacientes.

Retraso en la progresión

La doctora Arlek González afirma que “en los últimos años, la agencia norteamericana Food and Drugs Administration (FDA, por sus siglas en inglés) ha aprobado de manera acelerada el uso de lo que se llama terapias de omisión de exones, en las que se utilizan pequeños fragmentos de ADN denominados oligonucleótidos antisentido, que ayudan a las células musculares a omitir la expresión de exones específicos de distrofina afectados por las mutaciones. Esto daría como resultado la restauración de pequeñas cantidades de distrofina, lo que podría retrasar la progresión de la enfermedad, aunque sus beneficios a largo plazo aún están en evaluación”.

En esta misma línea, continúa la investigadora, el año recién pasado, la FDA aprobó la terapia génica denominada Elevidys, un virus adenoasociado del serotipo 9 (AAV9), el cual administra de manera exógena un gen que codifica para una microdistrofina recombinante. Esta proteína sería de menor tamaño que la distrofina endógena pero funcionaría de manera similar, “restaurando” las funciones perdidas en el contexto de la distrofia muscular de Duchenne.

“Elevidys es una terapia de administración única (intravenosa) con un elevadísimo costo de producción que se traduce en un costo inalcanzable para los pacientes, bordeando los tres mil 200 dólares, unos tres mil 500 millones de pesos chilenos. La generación de este tipo de terapias génicas, cuyos alcances aún están en etapa de investigación, requiere de procesos productivos en laboratorios de alta complejidad, con elevados niveles de bioseguridad que garanticen su inocuidad para el ser humano, lo que eleva enormemente sus costos”, explica la doctora González.

Terapia en evaluación

En lo que respecta al pequeño Tomas Ross y su familia, que está luchando por conseguir el dinero para costear la compra de una dosis de Elevidys, la discusión está abierta.

Dr. Jorge Bevilacqua

El doctor Jorge Bevilacqua sostiene que “se debe tener en consideración que existe una ventana temporal de administración en la que esta terapia génica generaría mayores beneficios para los pacientes, la cual se da entre los cuatro y cinco años de edad, por lo que el pequeño Tomás cumple con los criterios requeridos para recibir el tratamiento. No obstante, se debe tener claridad en que no existe ninguna garantía de que Elevidys eliminará completamente los síntomas de la distrofia de Duchenne, pues esta es aún una terapia que está en evaluación. De administrarse, es necesario el monitoreo exhaustivo de los pacientes para analizar los potenciales efectos secundarios”.

Finalmente, Arlek González concluye que “la historia de Tomas Ross y su familia es un ejemplo de lo que sufren muchos otros que padecen de enfermedades raras, para las que no existen tratamientos definitivos, lo que genera desconcierto, angustia y sufrimiento para los pacientes y su entorno. En este sentido, es fundamental que la sociedad en general se concientice sobre la existencia de este tipo de enfermedades tan devastadoras, y de las necesidades de las familias afectadas. Es aún más importante que las autoridades conozcan estas realidades y que se tomen medidas para garantizar que las familias tengan un acceso equitativo a los servicios y recursos necesarios para cuidar adecuadamente de sus hijos, considerando siempre que la implementación de las terapias debe hacerse con la adecuada supervisión médica”.

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