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Confinamiento, memes y salud mental, ¿pueden las redes sociales tener un rol terapéutico en los trastornos depresivos?

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Una investigación, publicada en enero del presente año, fue liderada por el Dr. Umair Akram y se basó en investigaciones previas que indicaban una asociación entre la depresión y el uso prolongado de internet, así como también con el intercambio y observación frecuente de memes, estos últimos representando características o experiencias compartidas en un contexto relevante para un determinado grupo de la sociedad.

Escrito por Christian Poblete
Publicado el 08 de octubre en El Mostrador

La Organización Mundial de la Salud define a la depresión como un trastorno emocional frecuente, caracterizado por la pérdida de interés o placer, tristeza, sentimientos de culpa, déficit cognitivo y trastornos tanto de sueño como de apetito, que lleva finalmente a otros cambios conductuales como el deterioro del funcionamiento social (aislamiento). A nivel mundial, se estima que afecta a alrededor de 300 millones de personas y es la causa de suicidio de 800.000 individuos anualmente.

En Chile, la situación de salud mental también es preocupante. Según las estadísticas de la Encuesta Nacional de Salud, realizada entre el 2016 y 2017, se indica que un 6,2% de la población padece un cuadro de depresión diagnosticado, lo que ubica a nuestro país por sobre el promedio mundial. Además, dada la influencia estacional del invierno en el aumento de estos síntomas y sumado al actual contexto de confinamiento que ha provocado la pandemia del coronavirus, se prevé que el problema de salud mental se agudice en nuestro país para este período, tanto así que para enfrentarlo las autoridades de Salud lanzaron la plataforma #SaludableMente, la que tiene como objetivo orientar y colaborar con este tema en medio de la crisis sanitaria por COVID-19.

Evidentemente esta situación ha requerido modificar diversos hábitos que eran considerados normales. En el caso particular del tratamiento de la depresión, muchas de las terapias seguramente han tenido que realizarse de manera remota y usando tele-asistencia, asimismo se ha dificultado la adquisición de medicamentos antidepresivos para casos más severos, lo que pone en riesgo la eficacia del tratamiento, agudizando aún más el problema. Pero ¿qué tal si una acción tan cotidiana en redes sociales como ver o compartir memes puede resultar beneficioso para la salud mental de personas depresivas? Esta pregunta fue la que se hizo un equipo multidisciplinario de tres prestigiosas instituciones de Reino Unido: el Departamento de Psicología, Sociología y Política de la Universidad Sheffield Hallam, el Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Oxford y el Departamento de Psicología de la Universidad de Northumbria.

La investigación, publicada en enero del presente año, fue liderada por el Dr. Umair Akram y se basó en investigaciones previas que indicaban una asociación entre la depresión y el uso prolongado de internet, así como también con el intercambio y observación frecuente de memes, estos últimos representando características o experiencias compartidas en un contexto relevante para un determinado grupo de la sociedad. Por este motivo el estudio se centró en examinar, mediante la interacción en redes sociales, el procesamiento del humor en personas que padecían este trastorno mental, planteándose como hipótesis que el humor de orientación negativa o con señales autodestructivas, puede atraer a personas con depresión cuando se considera la relación contextual del afectado y la importancia de la experiencia depresiva individual.

Para comenzar el estudio, se tomó como muestra a 154 estudiantes universitarios (24 años de edad promedio), los cuales, respondieron un cuestionario de manera online con dos finalidades. En primer lugar, se utilizó para evaluar los síntomas de salud mental del paciente y así categorizar la severidad del trastorno en caso de padecerlo (mínimo, leve, moderado, moderadamente severo y severo). Por otro lado, la encuesta se utilizó para registrar la percepción de los participantes frente a una variedad de 52 memes, los cuales, eran mostrados aleatoriamente y evaluados en una escala de 1 (desacuerdo) a 5 (de acuerdo) en los siguientes ítems: algo que compartirían con otra persona, algo que haría sentir bien a una persona con depresión, si encontraban gracioso el meme y si relacionaban a la imagen con trastornos como depresión o ansiedad. Luego de esto y según las respuestas de los encuestados, los memes se clasificaron en dos categorías: depresivos (mostraban explícitamente contenido autodestructivo) y control (exponían quehaceres sociales neutrales, hechos humorísticos o no tenían referencia a acciones como el suicidio o aislamiento). Para concluir, y una vez clasificados los participantes, estos volvieron a realizar el mismo cuestionario.

La categorización de los 154 estudiantes iniciales, que se hizo según detección de signos asociados a depresión, permitió definir dos grupos: 46 de ellos presentaron síntomas depresivos significativos y 56 individuos se identificaron como sin trastornos, por lo que se consideraron sanos. Estos últimos se caracterizaban por regular las emociones negativas que les provocaba un meme depresivo con humor positivo otorgado por un meme de control, mientras que las emociones positivas les permitieron reevaluar las emociones negativas momentáneas. Ahora bien ¿responderían de igual forma las personas que presentaban síntomas depresivos severos? El análisis de los resultados obtenidos, arrojó que los estudiantes diagnosticados con este trastorno interpretaban las imágenes con contenido autodestructivo de manera diferente a las personas consideradas sanas, calificando los memes depresivos como más fáciles de relacionar, más humorísticos y significativamente “más compartibles” en redes sociales. Además, como resultado de la misma encuesta, los individuos depresivos indicaron que los memes que hacían alusión a este trastorno, podían mejorar su propio estado de ánimo y consideraban que también podría mejorar el de otras personas en la misma situación.

El estudio concluyó que, a pesar de la evidente orientación negativa de los memes depresivos, estos pueden considerarse contextualmente como positivos, ya que permite visualizar la naturaleza agobiante de este trastorno y que para muchos de los afectados es difícil de expresar, pudiendo, en definitiva, resultar beneficioso para quienes experimentan esos síntomas. También, los investigadores concluyeron que los memes de índole depresivo otorgan, en estos individuos, una versión humorística de su propia experiencia negativa y que el hecho de compartir esta situación por redes sociales permite formar vínculos sociales y emocionales con otras personas que seguramente presentan síntomas similares. Además, los afectados indicaron que al visualizar cómo otros individuos también reaccionan a las imágenes compartidas, hace que aumente en ellos la percepción de apoyo entre pares por un mecanismo de afiliación a un grupo. Este apoyo social, percibido a través de la interacción por internet, parece beneficioso para contener o reducir los síntomas de la depresión, ayudando a las personas a reconocer que no están solas en la experiencia de descubrir o analizar sus propios síntomas. Finalmente, los autores de esta investigación indican que, con más estudios complementarios, sin duda este mecanismo podría proyectarse como una posible terapia para este trastorno.

Enlace al artículo original: nature.com/articles/s41598-020-57953-4

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