Hongos alucinógenos ayudan al tratamiento de pacientes con depresión severa

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Un grupo de investigadores del Imperial College de Londres, exploran los efectos del “hongo mágico” en pacientes diagnosticados con depresión severa.

por Cristóbal Ibaceta

Lea la publicación original en El Mostrador.

Los hongos alucinógenos o comúnmente llamados “mágicos”, han sido usados por el ser humano desde hace aproximadamente 7.000 años en diversos rituales religiosos y por un gran número de culturas a lo largo de la historia. En estos hongos la molécula responsable de generar las alucinaciones es la psilocibina, que al igual que la serotonina, neurotransmisor conocido como el de la felicidad, activan al receptor de Serotonina 2A, dada la similitud entre ambas.

Por otra parte, aproximadamente 1 de cada 5 chilenos tiene algún síntoma de depresión, mientras que las mujeres afectadas con depresión severa casi duplican al número de hombres, siendo catalogada como la enfermedad del siglo XXI por las condiciones altamente estresantes de la vida actual. Más aún, los tratamientos convencionales para la depresión no suelen ser muy efectivos, diagnosticándose como depresión resistente, siendo alrededor del 70% de los pacientes.

Ya sabiendo que la psilocibina tenía un efecto antidepresivo, los autores midieron la actividad antes y después del tratamiento con la droga en zonas cerebrales que sabían que están afectadas en la depresión, encontrando que la corteza prefrontal y el parahipocampo tuvieron grandes diferencias para las mediciones realizadas 5 semanas después del tratamiento con la droga, encontrando un efecto de la psilocibina a largo plazo.

Pero ¿qué relación tienen los hongos alucinógenos con la depresión?

Un grupo de investigadores del Imperial College de Londres, liderados por el Dr. David Nutt, han realizado estudios sobre el efecto de la psilocibina en humanos. En su último trabajo, exploran los efectos de dicha molécula en pacientes diagnosticados con depresión severa y que han sido resistentes a los tratamientos convencionales para combatirla.

En el estudio se evalúa el estado de depresión de los pacientes mediante el test QIDS-SR16 (una semana antes del tratamiento con la droga), siendo uno de los test más usados para diagnosticarla, donde a valor mayor, mayor es el grado de depresión. A los pacientes se les suministró 25 mg de psilocibina, siempre con apoyo psicológico mientras duraban los efectos de la droga. Un día y 5 semanas después se les volvió a realizar el test de depresión.

Para las mediciones cerebrales, los autores realizaron variantes de la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés) que les permite medir la actividad de distintas regiones cerebrales, mediante los cambios del flujo sanguíneo por minuto en dichas áreas, donde a mayor flujo, mayor es la actividad. Lo primero que encontraron fue que los pacientes tuvieron un valor menor en su índice de depresión post tratamiento con psilocibina a un día, comparado con su estado sin tratamiento, indicando la acción antidepresiva de la droga. En el caso de la amígdala cerebral, la cual se encuentra sobre-activada en depresión, se vio disminuida su función post-tratamiento con la droga, concluyendo que la psilocibina revierte los síntomas de la depresión bajando la actividad de la amígdala.

Ya sabiendo que la psilocibina tenía un efecto antidepresivo, los autores midieron la actividad antes y después del tratamiento con la droga en zonas cerebrales que sabían que están afectadas en la depresión, encontrando que la corteza prefrontal y el parahipocampo tuvieron grandes diferencias para las mediciones realizadas 5 semanas después del tratamiento con la droga, encontrando un efecto de la psilocibina a largo plazo.

Para la corteza prefrontal, zona cerebral asociada al autocontrol, se observó un incremento en su actividad y que se correlacionaba con la disminución de los síntomas de la depresión, comparado con los pacientes que no tuvieron un efecto paliativo post tratamiento con psilocibina. En cambio, se encontró que el parahipocampo, que participa en la codificación de la memoria emotiva, tuvo una disminución en su actividad en los pacientes que tuvieron una disminución en la depresión post tratamiento con psilocibina, no así con los pacientes que no fueron sensibles al tratamiento.

Finalmente, se evaluó el “estado de conciencia” de los pacientes antes y después del tratamiento con la droga, para lo cual utilizaron una metodología, variante de fMRI, que les permite medir las conexiones, integración y segregación, no encontrando cambios a nivel global. Estos resultados fueron contradictorios con los estudios previos realizados por el mismo grupo sobre el efecto de la psilocibina en personas sanas, las cuales mostraron una desregulación de la actividad a nivel de corteza, generando un estado entrópico (desorden) cerebral.

Al parecer, la forma en que actúa la psilocibina en personas sanas es distinta a personas con depresión, donde en las últimas genera un efecto de “reinicio” que les estaría permitiendo volver a un estado normal o atenuado de la enfermedad. Esto podría explicarse presuntamente por lo positivo del “viaje” que les provocó el componente alucinógeno del hongo, rememorando situaciones felices y alegres, sacándolos de su estado depresivo. Más aún, este estado de reinicio puede durar como mínimo 5 semanas con sólo una dosis de la droga, siendo totalmente distinto al efecto que tienen los actuales fármacos para controlar la depresión, que requieren dosis más altas y una ingesta diaria de éstos.

La investigación causó un ardiente debate, ya que es la primera vez que se utiliza esta droga psicodélica para el estudio en humanos diagnosticados con depresión. Este suceso ha generado un cuestionamiento ético por parte de la sociedad sobre la acción de suministrar una sustancia ilícita en humanos por sus consecuencias indeterminadas, pero que por otro lado se revela su potencial uso medicinal, siendo siempre administrada de forma supervisada y con apoyo psicológico.

Para poder ser ocupada como una terapia real en el tratamiento de depresión resistente a los antidepresivos convencionales, se necesitan más estudios, como un número mayor de pacientes y grupos placebos (sin droga) como control. A pesar de que hace falta realizar más estudios, ya es un sorprendente hallazgo lo que produce la psilocibina y su potencial uso como una terapia para la depresión y desordenes psiquiátricos que difiere enormemente de los medicamentos actuales.

Artículo original: https://www.nature.com/articles/s41598-017-13282-7.pdf

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