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Castigo físico en la infancia: ¿Qué dice la ciencia?

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Investigadores de la Universidad de Harvard encontraron similitudes en los cerebros de niños que habían sido castigados con métodos físicos y niños que habían sufrido abuso. En línea con investigaciones previas, el castigo físico tiene consecuencias negativas en el neurodesarrollo de niños y niñas.

Publicado en El mostrador el 24 marzo de 2022
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Al hablar sobre las experiencias de niñez con familiares o amigos de generaciones anteriores, la anécdota común es la del maestro que tiraba de las patillas de los estudiantes o que golpeaba con la regla en el dorso de la mano. Esta práctica tan común hace cincuenta años ha sido erradicada de los liceos y colegios.

Sin embargo, el uso de castigos físicos en la crianza sigue siendo bastante común dentro de los hogares, desde los padres o cuidadores hacia los hijos. De hecho, según la Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia (ELPI) realizada el año 2017, en Chile el 62,5% de los cuidadores de niñas, niños y adolescentes reconocen utilizar métodos de disciplina violentos en la crianza.

El castigo corporal no es uno solo. Se define como la práctica que tiene como fin causar dolor como método de sanción ante una falta, y puede tomar muchas formas: desde las aparentemente inocentes palmadas hasta prácticas que son claramente abusivas.

La gran diferencia entre estos extremos nos hace pensar que son dos actos que no se relacionan mucho entre sí, y que sus consecuencias e impactos son también muy diferentes. El marco legal chileno concuerda con esta interpretación y establece el “derecho de los padres a corregir a sus hijos”, hasta un límite razonable. Es decir, actos como las cachetadas se pueden considerar como métodos de enseñanza, pero el maltrato físico es un crimen.

La ciencia está en desacuerdo

La sociedad y las leyes comparten esta interpretación, pero la ciencia cuenta otra historia. Según un reciente estudio de la Universidad de Harvard publicada en la revista Child Development, las diferencias entre las palmaditas y las formas más severas de abuso son mínimas, ya que ambas afectan el cerebro en formación de los niños y niñas de maneras prácticamente indistinguibles.

El estudio, que fue dirigido por dos investigadores, Jorge Cuadras y Katie McLaughlin, analizó cómo respondían los cerebros de más de cien niños ante la presencia de una amenaza del ambiente a través de la resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés), una técnica no invasiva que a través del uso de fuertes campos magnéticos permite medir la cantidad de sangre que fluye hacia distintas partes del cerebro, y de esta manera crear imágenes que reflejen su actividad.

Los participantes de este estudio fueron niños y niñas entre 10 y 12 años de diversas etnias, razas y estatus socioeconómico. Como primer paso, se les aplicó un cuestionario validado para determinar si habían sido o no expuestos a castigo corporal de forma reiterada, en base de lo cual se separaron en dos grupos de estudio. En caso de determinarse abuso, se notificaba inmediatamente a las autoridades correspondientes.

Una vez determinados los grupos de estudio, se dio paso al experimento. Consistía en mostrarle a los niños, quienes se encontraban dentro de la máquina de resonancia magnética, una serie de imágenes sucesivas para ver cómo reaccionaban sus cerebros.

Estas imágenes podían ser caras de distintas personas mostrando una emoción neutral o de miedo, una imagen pixelada e indescifrable formada a partir de las caras neutrales, o se les podía pedir que completaran una tarea sencilla para comprobar que estuviesen prestando atención. Estas imágenes con una rapidez de menos de un segundo, tal que el niño o niña no podía reconocer las caras de manera consciente, pero sí de manera inconsciente.

Activación en la corteza pre-frontal

Luego de analizar los resultados, los investigadores encontraron que los niños que habían sido expuestos a castigo físico presentaban mayor activación en una región del cerebro llamada Corteza Pre-Frontal, que es la encargada de las funciones cognitivas como la atención y el control de impulsos. Dentro de la Corteza Pre-Frontal, una área en específico que se vio muy influenciada por el castigo físico fue el Giro Frontal Medio izquierdo, que participa en la regulación emocional intencionada y la reevaluación cognitiva.

Una explicación para estas diferencias es que los niños y niñas expuestas al castigo físico ocupan más recursos cognitivos en analizar las emociones de otras personas, lo que puede traer consecuencias negativas a largo plazo. Si un niño es hipervigilante respeto a su ambiente, puede reaccionar de manera excesiva ante cualquier estímulo nuevo y tener problemas en la regulación de las emociones, además de aumentar el riesgo de desarrollar psicopatologías a futuro.

Este estudio concluyó que el castigo corporal tiene consecuencias negativas para los niños y niñas que lo han sufrido. Pero al ir un poco más lejos y comparar los resultados de este experimento con estudios anteriores en el área del abuso físico, los investigadores notaron que las áreas cerebrales afectadas en ambos casos son las mismas. Es decir, el cerebro no discrimina entre castigo y maltrato.

Como respuesta a este fenómeno, los investigadores proponen el “modelo dimensional de la adversidad”. En este, las diferencias que puedan ocurrir en el desarrollo neuronal entre el castigo corporal y el abuso físico son más una cuestión de grado, y no de tipo.

Las limitaciones de la investigación

Por sí mismo, este estudio tiene varias limitaciones. Ya que es un estudio con personas, es muy difícil establecer con certeza una relación causa-efecto entre el castigo corporal y los resultados encontrados.

Otro posible problema que la separación entre grupos expuestos o no a castigo físico fue hecha a través de cuestionarios a los niños y niñas, por lo que no es posible saber si la clasificación fue completamente correcta. Además, existe un problema común a todos los estudios sobre castigo corporal: no es posible determinar severidad del castigo o la relación concreta del niño con quien inflige el castigo, factores que pudiesen influir en el desarrollo.

A pesar de las limitaciones mencionadas, hay que considerar este estudio dentro del contexto de las décadas de estudio sobre el castigo físico. Así, todo parece indicar en la dirección de que el castigo corporal no solo es dañino para el neurodesarrollo de niños y niñas, sino que tampoco es efectivo como castigo y tiene consecuencias negativas a largo plazo.

La pandemia

Pensar en el castigo físico es especialmente importante en el contexto de la pandemia, en donde han aumentado las denuncias por violencia intrafamiliar y donde se espera que, junto con el aumento de violencia hacia la mujer exista aumento de violencia hacia la infancia.

Por otro lado, no debemos desconocer que la violencia se intensifica en ambientes de mayor vulnerabilidad: tal es el caso del SENAME, donde el informe de la PDI (2017) constata violencia física en prácticamente la totalidad de los hogares de acogida en donde residen los niños y niñas bajo la tutela del Estado.

Entendiendo que los padres quieren lo mejor para sus hijos e hijas, este estudio es una llamada a evitar la disciplina física como castigo, ya que está muy lejos de ser un método de enseñanza útil y dentro de nuestros ambientes sociales, se debiese dejar de normalizar la práctica del castigo corporal.  Además, se debiese legislar para prohibir el castigo físico en todas sus dimensiones, en base a la evidencia y buscando el mayor bienestar posible para la infancia en Chile.

*Este artículo surge del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.

Fuentes: https://doi.org/10.1111/cdev.13565  

http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/elpi-tercera-ronda  

https://ciperchile.cl/wp-content/uploads/informe-emilfork4.pdf

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