Los científicos descubren que dormir mal podría despertar el riesgo de demencia

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En la búsqueda por entender cómo se desarrolla este mal, la ciencia ha encontrado que los adultos con falta de sueño presentan cambios cerebrales que pueden tener efectos en la cognición y que se observan en los pacientes con la enfermedad.

Publicado en El Mercurio
el 12 de enero de 2020
Por Janina Marcano.

Aunque la demencia afecta a nivel mundial a unos 50 millones de personas y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos, según la Organización Mundial de la Salud, hoy los científicos no tienen claro cómo se desarrolla este grupo de males.

Por eso, investigadores alrededor del mundo intentan descubrir qué factores intervienen en su aparición. Un camino en el que la falta de sueño aparece cada vez más como un posible factor desencadenante.

El trabajo más reciente se publicó esta semana. Este arrojó que los adultos con insomnio presentan cambios en algunas zonas del cerebro que, justamente, se ven afectadas en etapas tempranas del alzhéimer, el tipo de demencia más común.

La investigación, realizada por la Fundación Pasqual Maragall, una organización española especializada en la investigación de la enfermedad, constató que los participantes con trastornos del sueño tenían un menor volumen en regiones cerebrales como el precúneo o el córtex cingulado posterior.

“Son áreas que participan en redes que trabajan en el funcionamiento de la memoria, el rendimiento… En estas mismas áreas es donde se acumula el daño neurológico en las etapas iniciales del alzhéimer. Aquí puede ser que estén acumulando daño o que, ya de por sí, tengan menos volumen”, dijo el neurólogo Oriol Grau, líder del estudio.

Si bien este resultado podría tratarse de una casualidad, muchos otros estudios están encontrando vínculos relevantes entre ambos problemas.

En la juventud
Si bien la demencia se presenta comúnmente sobre los 60 años, al menos un estudio, publicado en la revista Neurology, encontró elevación de los niveles de proteína Tau en individuos de 22 años después de que estos fueron expuestos a falta de sueño, lo que sugiere que, incluso a esa edad, podrían empezar a acumularse sustancias relacionadas con la demencia.
“Estos cambios proporcionan una evidencia adicional de que la pérdida de sueño puede tener efectos perjudiciales sobre la salud del cerebro, incluso en individuos más jóvenes”, dijeron los autores de ese trabajo.
Otras investigaciones han encontrado que el dormir menos de siete horas en la juventud se asocia a problemas de memoria.

Proteínas

Hoy, los científicos saben que la falta de sueño se relaciona con aumento en los niveles de la proteína Tau, una de las señales biológicas que aparecen en el cerebro de las personas con alzhéimer.

Lo explica Soledad Matus, investigadora del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI) y encargada del área científica de la Fundación Ciencia & Vida.

“Esto se ha visto tanto en animales como en humanos, entonces, al parecer, está bastante claro que esta proteína cambia cuando hay alteraciones de sueño, lo que da peso a la idea de que las personas que no duermen bien pueden tener mayor riesgo de demencia”, asegura Matus.

El hallazgo va en la línea de otros estudios, como el publicado en Annals of Neurology en 2018, el cual concluye que la privación del sueño aumenta entre 25% y 30% los niveles de beta amiloide, un componente hallado en las placas cerebrales de los enfermos con demencia.

Para Andrea Slachevsky, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas de la U. de Chile y del Centro Gero, otros hallazgos de peso tienen que ver con la apnea del sueño.

Un trabajo publicado en 2018 en la revista médica European Respiratory Journal arrojó que los pacientes que tenían bajos niveles de oxígeno en la sangre mientras dormían producto de la apnea, tenían un grosor reducido en los lóbulos temporales izquierdo y derecho del cerebro.

Esta es un área conocida por ser importante para la memoria y por estar afectada en quienes sufren demencia.

Según la investigadora, se trata de otra pieza en el rompecabezas, otra pista de que el mal dormir podría ser un factor de riesgo.

Sin embargo, aclara ella, la evidencia no es concluyente. De hecho, actualmente no existen recomendaciones sobre cuánto dormir para prevenir algún tipo de demencia.

Problema local

En Chile, más de 800 mil personas sufren insomnio, según la más reciente Encuesta Nacional de Salud. Además, un estudio publicado en 2017 en la revista científica Journal of Clinical Sleep Medicine, y que fue realizado en cuatro capitales latinoamericanas, determinó que los santiaguinos son los que peor duermen. Entre los trastornos que más prevalecen está la apnea del sueño.

Limpieza

Los mecanismos por los cuales la falta de sueño provocaría la enfermedad están lejos de definirse, concuerdan los especialistas. “Se cree que durante el sueño uno hace limpieza de tejidos y metabolitos tóxicos”, comenta John Ewer, investigador del Centro de Neurociencias de la U. de Valparaíso.

“Entonces, si esa limpieza no se da, se dañarían las células y empezarían a acumularse las proteínas que hoy se sabe que juegan un rol en la demencia”, explica el científico.

Los entrevistados coinciden en que aún faltan muchas preguntas por responder para entender la influencia real de los trastornos del sueño en la demencia, como el nivel de privación que sería negativo o si se trata de una relación indirecta.

“Puede ser que la falta de sueño te lleve a una depresión y que ese estado sea lo que desarrolle la demencia, por ejemplo”, ejemplifica Matus.

De cualquier manera, lo mejor es prevenir, dice Ewer.

“Es probable que la falta de sueño aumente el riesgo de alzhéimer, pero de lo que ya estamos seguros es de que facilita la aparición de otras enfermedades, como las cardiovasculares, entonces podemos considerar que ya es grave”, puntualiza el investigador.

Publicado en El Mercurio
el 12 de enero de 2020

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