Una hormona de esta mosca ayudará a entender nuestro reloj biológico

Notable estudio de la Universidad de Valparaíso

John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia, descubrió cómo ese insecto sabe que es de día o de noche. 

Para que una persona se acostumbre a las doce horas de diferencia que hay entre Tokio y Santiago, tienen que pasar doce días. Ese es el tiempo que demora el reloj biológico central en cambiar el chip para volver a sincronizar a los distintos relojes biológicos que se encuentran en cada uno de los tejidos del cuerpo humano.

Todos los días, explica John Ewer, doctor en Biología de la Universidad de Brandeis en Estados Unidos e investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso, el reloj biológico central, que no es más que un grupo de neuronas que se ubica en una zona del cerebro que está sobre el paladar, se encarga de enviar una señal a un determinado órgano para que éste trabaje al máximo mientras el cuerpo está despierto y no mientras duerme. “Imagínese si el hígado estuviera totalmente activo en la noche, sería un caos”, dice el experto en genética y desarrollo del sistema nervioso.

Hasta el momento los científicos sabían que los distintos relojes de los distintos órganos del cuerpo se comunicaban de alguna manera, pero no tenían ni la más mínima idea de quiénes eran los mensajeros de estas famosas señales.

Para acercarse un poco a la repuesta, el doctor Ewer junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Würzburg se pusieron a investigar en la mosca del vinagre (Drosophila Melanogaster ) y descubrieron que los mensajeros son dos péptidos (proteínas pequeñas): uno que sale desde el reloj biológico central hacia un grupo de neuronas (Short Neuropeptide F) y otro (Prothoracicotropic Hormone) que emite una segunda señal desde ese grupo de neuronas hasta llegar al reloj de un determinado tejido. En este caso, eligieron el de la glándula protorácica de la mosca, que después de recibir la señal genera un esteroide (hormona) que regula la metamorfosis.

Los resultados se publicaron en la revista “Nature communications”.

-¿Por qué este descubrimiento es tan importante, doctor?

-Lo que pasa es que la diferencia entre los humanos y el resto de los animales es la misma que hay entre los autos y los camiones. Somos distintos por fuera, pero funcionamos de la misma manera. A partir de este descubrimiento se puede investigar por qué existen situaciones en que falla esa comunicación entre relojes. Ahora sabemos que podemos investigar el funcionamiento de los péptidos. Cuando falla la comunicación entre relojes hay consecuencias médicas y conductuales, los órganos funcionan mal y la persona no se siente bien. Los medicamentos funcionan de manera diferente dependiendo de la hora, si sabemos qué mensaje emite la señal, se puede alterar el reloj sin alterar el día o la noche.

-Si todos somos parecidos, ¿por qué eligió la mosca del vinagre y no otro animal?  Tiene bondades experimentales: es fácil de cultivar, demora diez días en tener una nueva generación y tiene cromosomas gigantes. Además, es fácil mirar los cambios en el microscopio y hacer mutaciones genéticas. Los alemanes Lewis, Nüsslein-Volhard y Wieschaus ganaron el Premio Nobel en 1995 por descubrir cómo se produce el desarrollo embrionario en todas las especies y lo hicieron en esta mosca. Morgan también ganó el Nobel el 1933 por hacer el primer mapa genético con la misma mosca.

Aunque no nos guste nos parecemos a la mosca del vinagre.

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