Neurocientíficos analizan con resonancia magnética cerebro de pedófilos

Por Valeska Cid Jofré/CINV

El equipo se planteó como objetivo identificar los circuitos del cerebro que responden a señales faciales y explorar el impacto de las preferencias sexuales. Para ello utilizaron la señal BOLD como un índice de actividad cerebral regional que se obtiene a partir de la resonancia magnética funcional.

En un estudio publicado en la revista Biology Letters hace un año, un grupo alemán – danés liderado por J. Ponseti ha propuesto que las conexiones del cerebro que normalmente nos permiten distinguir caras sexualmente maduras, tendrían un funcionamiento anormal en personas pedófilas.

Se menciona que, en nuestra especie, las caras nos pueden motivar a conductas relacionadas con el cuidado o búsqueda de pareja cuando vemos a niños o adultos, respectivamente. Esto sugiere que el procesamiento facial está orientado a distinguir señales de edad, es decir, rasgos faciales que nos permiten diferenciar a un niño de un hombre, ya sea de madurez sexual para estimular comportamientos acordes a la reproducción o el cuidado de niños.

Para poder comprobar esta idea, los investigadores usaron resonancia magnética funcional para medir directamente la existencia de conexiones cerebrales alteradas. Durante esta prueba los participantes fueron expuestos a variadas fotografías de rostros  de niños, niñas, mujeres y hombres.

¿Por qué el procesamiento de estímulos faciales es importante?

Como especie altamente social, el hecho de distinguir a niños de adultos es fundamental para para exhibir comportamientos distintos, por ejemplo, cuidar a menores, el amor entre padres e hijos, u otros como buscar pareja o formar una familia. Sin embargo, combinar estos comportamientos puede resultar problemático, al menos desde un punto de vista evolutivo. En otros animales, como los roedores, las señales para distinguir a una potencial pareja son olfativas, pero en nuestra especie estas señales son predominantemente visuales.

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