Modelo computacional de un innovador chileno predice el comportamiento humano frente a catástrofes

Una herramienta computacional única en el mundo, capaz de modelar y predecir el comportamiento humano frente a catástrofes como terremotos, huracanes, tsunamis, enfermedades infecciosas y atentados terroristas, entre otros eventos críticos, está siendo diseñada por el equipo del Dr. Tomas Perez-Acle, investigador del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia -de la Universidad de Valparaíso-, CINV, y director del laboratorio de Biología Computacional de la Fundación Ciencia para la Vida.

“Éste es el único programa existente en la actualidad que puede seguir la historia de vida de cada persona a lo largo de la simulación y sus interacciones. Somos capaces de simular el comportamiento de personas en forma individual y nuestros datos serían similares a lo ocurrido en la realidad. Esto representa una ventaja, ya que en general las aplicaciones existentes se preocupan de analizar a grupos poblacionales más que a sujetos en sí. Sabemos que ante un escenario de riesgo o pánico un individuo puede hacer toda la diferencia”, explica el académico.

Para materializar estos modelos se requiere la potencia de supercomputadores con altísima capacidad de procesamiento. Junto a esta tecnología, el científico cuenta con un equipo de trabajo transdisciplinario, integrado por otros seis profesionales, entre los que destacan sociólogos, biólogos, físicos, matemáticos e ingenieros en computación. El especialista aclara que dicha aplicación computacional no predice el futuro, sino que ofrece distintos escenarios posibles como resultado de la combinación de variables.

Componentes del estudio

El Doctor en Biotecnología señala que sus investigaciones están centradas en dos variables de estudio. La primera, en la información que se mueve entre las personas y la segunda, en cómo ésta genera cambios en el comportamiento de los individuos.

“Mientras mayor es la entrega de información a las personas, mejor es el manejo del pánico y la toma de decisiones correctas. Nos interesa estudiar cómo el comportamiento individual es influenciado por esta indagación -ya sea positiva o negativa- y la manera en que afecta el actuar de los sujetos. Queremos entender cómo la sociedad, compuesta por individuos, reacciona no sólo frente a las catástrofes naturales tales como terremotos, erupciones volcánicas y huracanes, sino además, frente a la dispersión de enfermedades infecciosa”, complementa el Investigador Asociado del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso, CINV.

Información y rumores en redes sociales

La disponibilidad de información cambia el comportamiento de las personas, por lo tanto, uno de los problemas que ocurren cuando circulan rumores o desinformación es que van a existir individuos más susceptibles a digerir esa desinformación y actuar en consecuencia con ella. Por ejemplo, los rumores que circulan en las redes sociales.

“Es muy relevante cómo las redes sociales son capaces de tomar la información que está disponible, por ejemplo, en páginas web, Facebook y recientemente a través de grupos de WhatsApp. Existen grupos que asumen estos rumores como una realidad y por ende actúan en base a ella”, señala Perez-Acle.

Recientemente la divulgación de un audio que circulaba a través de WhatsApp, en el que una vidente alerta sobre un terremoto cercano a la magnitud 10 y que ocurriría en los próximos días dividió a la población. Por un lado, un grupo comenzó a transmitir la supuesta “noticia” a sus cercanos, mientras que otros simplemente la ignoraron.

“La desinformación llevó a las autoridades a desmentir a la pitonisa con el objetivo de evitar que aquellos que creyeron el aviso entraran en pánico. Sin embargo, hubo otro sector que omitió la conversación. Esto ratifica que es necesario contar con una adecuada y oportuna entrega informativa por parte de las autoridades”, señala el biólogo.

Resiliencia y capital social

El Investigador Titular de la Fundación Ciencia para la Vida señala que se puede aplicar el modelo computacional siempre que existan personas que están frente a una situación que produce pánico y hayan flujos de información entre la población.

“Si vemos lo que ocurrió principalmente en EEUU con la llegada de los huracanes, podremos apreciar que hubo mucho flujo de información desde los medios estatales, desde distintos organismos tratando de dar a conocer cuáles eran las medidas más apropiadas para combatir la contingencia natural. Y probablemente eso no ocurre en otros países, podemos ver un huracán que asola a Haití o a República Dominicana y el nivel de efecto que se produjo ahí no va a ser el mismo que en EEUU, independiente de la diversidad física que tenga un país o de la riqueza que tenga un país versus el otro”.

Perez-Acle destaca el caso de Cuba, territorio que es afectado por los mismos huracanes que Norteamérica, “pero las catástrofes que se producen en la isla no son de la misma magnitud de lo que ocurre en EEUU. Además, la residencia que muestran los cubanos es mucho más alta que la del pueblo norteamericano”.

Los sociólogos que estudian ese tipo de fenómenos hablan que todo depende mucho de la cohesión social o capital social. En el contexto norteamericano de los años 50 y 60 la sociedad se construía en base a redes; a interacciones individuales entre las personas, donde las relaciones personales eran muy importantes. “Hoy día estamos en el otro extremo, las relaciones personales están dejadas de lado. En cambio, sociedades como la cubana, tiene una estructura de redes tan fuerte que hace que el capital social sea fuerte y por lo tanto tengas una sociedad resiliente”.

Perez-Acle señala que actualmente, gracias al financiamiento de la Oficina de Investigación de la Fuerza Aérea de USA (AFOSR), -y en conjunto con investigadores de Nueva Zelanda- su laboratorio está estudiando cómo la interacción basada en la confianza entre la personas, resulta en la creación o destrucción del capital social, el cual finalmente es la estructura básica para crear el capital económico de una sociedad.

“Nuestros modelos comparan lo que ocurre en una ciudad con características similares a las de Nueva Zelanda versus una chilena, donde el nivel de interacción que ocurre en esta última es mucho mayor. Lo que podemos demostrar con nuestros estudios es que cuando aumenta la confianza entre las personas se forman vínculos que le permite a las sociedades llegar más rápido a situaciones económicas favorables para el país”. Si ese fuera el caso ¿por qué Chile no es un país desarrollado? “Bueno, porque la estratificación de las sociedades juega en contra de esos procesos” aclara el investigador.

El profesor del CINV señala que en nuestro país las personas sienten un mayor grado de confianza con sujetos de su mismo grupo social, mientras que en Nueva Zelanda este nivel aunque menor, atraviesa los diferentes estratos sociales. “Una forma que los países rompan con el círculo de la pobreza y puedan desarrollarse es establecer vías de comunicación entre los distintos grupos que a la larga creen lazos de confianza y que permitan generar un capital social”.

Dispersión del ébola

El Dr. Perez-Acle, junto a un colaborador canadiense y gracias al financiamiento AFOSR, está estudiando una situación hipotética de dispersión de una enfermedad infecciosa que produce pánico en las personas y con ello cambia su comportamiento: el Ébola.

“Estamos estudiando cómo esta enfermedad se dispersa en un país ficticio, cuyas características geográficas son similares a las de Chile. Analizamos a las diez ciudades con mayor densidad poblacional del país. En esta simulación tenemos vías que conectan a las ciudades, haciendo una equivalencia a lo que son carreteras reales que existen en nuestro país. Además, tenemos once millones de agentes que se mueven en esta nación ficticia. Incluso usamos los datos del Ministerio de Transportes para ver cuántas personas se mueven en los caminos locales”.

Según expresa el investigador, el hecho de entregar información precisa, adecuada y en el momento oportuno a las personas generando una “vacuna de información”, hace que éstas puedan cambiar su comportamiento, evitando exponerse a situaciones peligrosas o al contagio de la enfermedad. (Por: María Mercedes Barraza C. Agencia Inés Llambías Comunicaciones).

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