Científicos buscan comprender cómo se desarrolla en nuestro cerebro el fraude, la malversación y la coima

Por Rodolfo Agurto/ CINV

Es sabido que cuando existen comportamientos de transgresión o de deshonestidad, y estos no son descubiertos o castigados, pueden escalar en el tiempo, siendo más y más intensos con cada subsecuente repetición del acto deshonesto. Así, lo que puede comenzar como un simple juego de engaño, puede transformarse en un verdadero escándalo de grandes proporciones que podrá tener consecuencias legales y personales graves. Sin embargo, científicamente hablando, no se han abordado explicaciones de esto ni de lo que ocurre en el cerebro cuando este patrón de escalamiento comienza a desarrollarse. En una reciente publicación en la revista Nature, un grupo de investigadores Londinenses ha comenzado a estudiar las bases neurofisiológicas relacionadas con este comportamiento.

Fraude, malversación, coimas y aprovechamiento de vacíos legales. La lista suma y sigue. Con el uso progresivo y sofisticación de las redes sociales, muchas personas han comenzado a levantar la alfombra y poner sobre la mesa los quehaceres deshonestos y delictuales presentes en nuestra sociedad. Los recientes episodios de colusión en Chile y otros diversos casos de deshonestidad, otorgan gran relevancia a la discusión de estos temas.

Sin embargo, e independiente de la interpretación de estos fenómenos sociales, a algunos científicos les resulta interesante comprender esta tendencia humana a actuar de forma deshonesta, ¿cuál es el origen y cómo se desarrolla en el cerebro humano, el sustrato neurobiológico que posteriormente facilita tales conductas poco éticas? Responder a esta pregunta no es una tarea fácil, debido a la complejidad del comportamiento humano, y a la gran cantidad de factores que lo determinan y moldean. No obstante, existen algunos correlatos neuroanatómicos que se han comenzado a estudiar y que dan luces interesantes sobre cómo se desarrolla la deshonestidad en nuestro cerebro.

Es sabido que cuando existen comportamientos de transgresión o de deshonestidad, y estos no son descubiertos o castigados, pueden escalar en el tiempo, siendo más y más intensos con cada subsecuente repetición del acto deshonesto. Así, lo que puede comenzar como un simple juego de engaño, puede transformarse en un verdadero escándalo de grandes proporciones que podrá tener consecuencias legales y personales graves. Sin embargo, científicamente hablando, no se han abordado explicaciones de esto ni de lo que ocurre en el cerebro cuando este patrón de escalamiento comienza a desarrollarse.

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