Dime lo que comes y te diré qué tan inteligente eres

 

Por Jorge González, CINV

Los investigadores seleccionaron una vasta y diversa variedad de bases de datos con información de estudios sobre el comportamiento y la alimentación de más de 140 especies distintas de primates, en donde relacionaron las estructuras sociales de sus manadas, qué tipo de alimentos consumían, cuáles eran las demandas intelectuales para encontrar dicho alimento y qué grado de desarrollo cerebral presentaban.

Es bien sabido por todos que el ser humano es el animal más inteligente en la tierra que esta capacidad intelectual le permitió llegar a ser la especie dominante, capaz de construir objetos inimaginables, dominar tierras inhóspitas e idear complejas teorías que explican la naturaleza de aquello que nos rodea. Pero si te preguntáramos ¿cómo llegó nuestra especie a ser tan inteligente? ¿por qué nuestra especie desarrolló un cerebro tan complejo y otras especies no? ¿qué determina la inteligencia de un ser vivo?

Resulta ser que la idea más aceptada por la comunidad científica estaba relacionada con el inicio de la convivencia de nuestros ancestros en grupos cada vez más grandes, motivo por el cual se fueron seleccionando en cada generación los cerebros mejor adaptados a las crecientes exigencias sociales, las cuales requerían una mayor inteligencia emocional, mayor destreza al formar ideas y un mecanismo más refinado para la toma de decisiones; lo que nos llevó rápidamente (en términos evolutivos) a desarrollar capacidades de pensamiento complejo, saber organizarnos como civilización, saber de jerarquías de poder, cómo cazar, con qué y con quién, y finalmente hasta poder desarrollar pensamiento matemático, filosofía, arte y otra gran variedad de construcciones mentales de alto requerimiento intelectual. Pero esta idea de evolución resultó algo dudosa para ciertos grupo de científicos, que después de revisar los estudios que afirmaban dicha hipótesis, se dieron cuenta que la cantidad de individuos que se estudiaban al investigar sobre el tema era muy baja, que solían ser estudios aislados y que por ello no se podía observar de forma global el enorme y complejo árbol que es la evolución.

Por ello, el científico Alex R. DeCasien junto con su equipo del departamento de antropología en la Universidad de New York decidieron realizar un análisis con un número mucho mayor de individuos, para lo que seleccionaron una vasta y diversa variedad de bases de datos con información de estudios previos sobre el comportamiento y la alimentación de más de 140 especies distintas de primates, en donde relacionaron las estructuras sociales de sus manadas, qué tipo de alimentos consumían, cuáles eran las demandas intelectuales para encontrar dicho alimento y qué grado de desarrollo cerebral presentaban.

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